Visitara Corrientes, traído por la Sociedad de Arquitectos de Corrientes, el Arq. Agustín García Puga.

Esta actividad se enmarca en la celebración de los 50 años de vida institucional que se celebra el próximo 1 de Julio de 2018.
Brindara una conferencia sobre el cambio de paradigma del ejercicio profesional del arquitecto
Se adjunta resumen

“CAMBIAR LOS PARADIGMAS DEL EJERCICIO PROFESIONAL DEL ARQUITECTO ES INEVITABLE”
Por el arq. Agustin Garcia Puga

En Latinoamérica en general, el sostenido avance de las transformaciones sociales vinculadas al mayor o menor éxito de las políticas económicas, han ido transformando en las últimas décadas gradualmente -e inexorablemente- las condiciones del habitar poblacional, las formas de interactuar en la comunidad y también, las modalidades de contratación y retribución de los servicios profesionales de la arquitectura.

Argentina posee aproximadamente 54.000 arquitectos matriculados en todo su territorio (se estima en una cifra similar de profesionales que no están matriculados) y claramente la oferta profesional supera la demanda laboral y la necesidad de servicios bajo las formas tradicionales que se desarrollaban en otras épocas.
Si a todo esto le agregamos que internacionalmente se calcula que la relación ideal es de un arquitecto cada mil habitantes, resulta interesante aportar datos que nos ubiquen en contexto con relación a otros países.

Consultadas algunas fuentes como el Proyecto de Investigación “Nuevos roles profesionales” del Consejo Profesional de Arquitectura y urbanismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires – CPAU – con aval de la Facultad de de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires – FADU UBA – y la Sociedad central de Arquitectos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires – SCA, – la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos – FADEA -y la “EuropeanCommission, Mutual evaluation of regulatedprofessions”, vemos que Reino Unido y Francia tienen un índice de 0,50/1000 hab.; España tiene 1.1/1000 hab.; Alemania 1.28/1000 hab.; USA 0.34/1000 hab.; México 1.60/1000 hab.; Italia con 2.4/1000 hab.; y Argentina, si se consideran los arquitectos graduados, no solo los que tienen matrícula, la relación es bastante mayor de 2, superando en más del doble la cantidad ideal.

Con estadísticas de este tipo, no resulta sorpresivo que solamente el 15% de los arquitectos Argentinos tengan un estudio propio que se dedica al proyecto y dirección de obras como rubro principal.
La profesión se ha reconvertido hace años, por imperio de las circunstancias socioeconómicas, brindando posibilidades laborales a quienes trabajan en especializaciones y consultorías que son necesarias y demandadas por estudios de arquitectura que prefieren tercerizar esos servicios para no sumar costos a su estructura de trabajo habitual.

La irrupción de la tecnología aplicada sobre herramientas de trabajo que permiten generar modelos de diseño, control, presupuestos y seguimiento de procesos constructivos como el BIM, son tendencia mundial y resulta impensable asociar posibilidades de trabajo en el futuro sin tener un dominio absoluto de todas estas innovaciones de tecnología.
No es posible pensar en un modelo de arquitecto del futuro trabajando para comitentes sin poder brindar precisiones, como sucede en muchos casos actualmente, sobre una encomienda laboral a través de programas informáticos que posibiliten la previsibilidad en todos los ámbitos y la eficacia de la inversión.
Una tendencia en la forma de trabajo que propone / impone el mercado consiste en la asunción de riesgos por parte del arquitecto con los grupos inversores, situación impensada hace años.
Estos estudios trabajan gratis presentando sus propuestas y si el trabajo se concreta, se le contratan los servicios.
Esta modalidad cada vez más utilizada supone un riesgo de quiebra para el estudio ya que se calcula que al menos tienen que salir algunos de los trabajos para poder absorber los costos invertidos en todas las presentaciones sin éxito.
Claramente esta competencia se genera entre los estudios que tienen buen respaldo financiero para hacer frente a los costos directos e indirectos de trabajar a riesgo sin percibir honorarios.

Otro tema no menor consiste en buscar parte de las reticencias a los cambios en la manera de ejercer la profesión, en las raíces vinculadas con la educación y formación que se adquiere en la universidad.
El tema educativo merece una discusión muy profunda, pero amerita señalar que las materias técnicas tienen un desbalance en cantidad de horas cátedra muy marcada con relación al diseño y de los temas de gestión administrativa empresarial es muy poco lo que se aprende, quedando estas disciplinas que hoy son muy importantes, a consideración de realizar costosos cursos de posgrado una vez terminada la carrera.
La formación técnica con la que egresan los arquitectos es tan escasa, la materia construcciones se cursa solamente en 3 cuatrimestres, que no resulta llamativo que solo el 1.50% de la matrícula elija ser un profesional empresario constructor.

Todos conocemos personas que en algún momento han realizado construcciones sin contratar profesionales y en este sentido, la confusión de roles que genera la arquitectura y en particular nuestra profesión, son bastante importantes entre la población.
En general se piensa que contratar un arquitecto para hacer obras menores no es necesario ya que se incrementa el costo del trabajo y los albañiles pueden hacerlo (según este preconcepto erróneo) sin alguien que los dirija.
Por otra parte, hay muchos profesionales que prestan su firma a través de un plano registrado por el municipio para cumplir con requisitos formales y legales que le permitan construir al cliente sin que la obra sea clausurada, pero sin asumir la responsabilidad ética (la responsabilidad civil y penal es insoslayable e indelegable) de velar para que la obra se realice de acuerdo a las reglas del arte y tal como fue concebida en el proyecto.
Esta práctica desleal es frecuente y se relaciona con el aprovechamiento de propietarios ante la falta de trabajo y muchas veces por desconocimiento de las responsabilidades legales que se asumen como profesional matriculado que ha firmado un contrato de prestación de servicios.

Todos los temas mencionados precedentemente son conocidos y forman parte del quehacer diario con el que debe lidiar un arquitecto cuando sale a trabajar, pero quizás haya que analizar la cuestión bajo otra óptica más real sobre el rumbo que va tomando la profesión.

Argentina tiene un gran déficit habitacional y posee una enorme cantidad de viviendas con muy escaso o nulo mantenimiento…
Y si el arquitecto pensara en trabajar con personas de recursos limitados, adaptando la forma de brindar servicios que se adecúen a la realidad económica de sus clientes en vez de pensar en trabajar solamente con inversores que disponen de presupuestos para construir muchos metros cuadrados?

Este mercado potencial necesita de servicios profesionales para remodelar, ampliar o poner en valor sus propiedades y esta realidad requiere un cambio de paradigma sobre la manera de ejercer la profesión y las expectativas depositadas en la misma.

La formación universitaria prepara arquitectos en general para trabajar en proyectos de escala mediana a grande y no, para resolver dificultades más cotidianas que se presentan en refacciones o ampliaciones pequeñas con problemas de presupuesto.

Paradójicamente, la mayor parte de los arquitectos termina trabajando en este tipo de obras menores y los cursos que brindan las instituciones profesionales abordando estas temáticas son los más exitosos y solicitados por la matrícula.

La misión y la vocación del arquitecto están ligadas a la necesidad de transformar y mejorar el hábitat urbano, lo que supone y obliga a asumir el compromiso ético profesional en la comunidad.

Los profundos cambios en la manera de invertir, la concentración del trabajo en pocas manos, el avance tecnológico y las mayores exigencias en la prestación de servicios han modificado la manera de ejercer la profesión y resulta imprescindible asumir esta nueva realidad que imponen estos tiempos y para ello, la capacidad de adaptación a los cambios y los nuevos desafíos son vitales para sobrevivir al duro oficio de ser arquitecto sin morir en el intento.

Por último, no puede dejar de señalarse que la participación del Estado es fundamental para contribuir a mejorar las condiciones actuales del trabajo. Revertir los procesos administrativos y requisitos documentales para la ejecución de obras pequeñas y en PH principalmente, en cualquiera de sus modalidades de ampliación, refacción o demolición parcial, no es viable sin tener en cuenta la reducción de los tiempos de registro de las obras.
Las 400 obras sin permiso que clausura el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires – GCABA -mensualmente son un indicativo sobre las dificultades que registra realizar una presentación.
Hoy existe una oportunidad histórica con el proceso de redacción y actualización que está atravesando el vetusto y antiguo código de edificación, para que se incorporen los instrumentos legales que ayuden a regularizar y fomenten la presentación de documentación de obras de baja escala en tiempo y forma, beneficiando el desarrollo y la actividad profesional en armonía con los intereses de la ciudad y la comunidad en general.

Subir

";