Día del Arquitecto Argentino y 50 años de la creación de la SAC

Roberto Pessini Mierez

Presidente de la Sociedad de Arquitectos De Corrientes

La Federación de Arquitectos Argentinos (FADEA) en 1996 constituyó el 1 de julio como el Día del Arquitecto Argentino.

Durante el año 1968 en las ciudades del mundo occidental vivíamos la expresión de un nuevo tipo de demanda social, ligado a patrones de trabajo, ocio, consumo y socialización de la juventud encaminada hacia la sociedad postindustrial y Argentina y Corrientes no fueron ajenas a estos cambios.

En ese contexto, un grupo de arquitectos de Corrientes, impulsa la iniciativa de conformar la Sociedad de Arquitectos de Corrientes

A manera de homenaje

En esta oportunidad, para la Sociedad de Arquitectos de Corrientes, conmemorar este día y el 50 Aniversario de nuestra institución es un homenaje merecido a los colegas que ya no están presentes, a los que hoy crean y hacen y, a los jóvenes que se preparan para ello. Hacer este reconocimiento nos da alegría, nos alienta y nos conmueve.

Los arquitectos, cuando iniciamos nuestros estudios, muchas veces lo hacemos sin saber muy bien en qué nos estábamos metiendo.

Las distintas camadas, cuando recién iniciamos nuestros estudios, ni nos conocíamos y ya al poco tiempo comenzábamos a construir una misión en común.

Del escepticismo pasamos a creer.

Comenzamos con la importancia del dibujo para pensar, para crear, para finalmente hacer lo imaginado.

Si bien para los arquitectos todo empieza con una línea, transformamos realidades, atravesamos límites que se creían imposibles y creamos nuevos mundos, también proponemos y hacemos el camino para mejorar el presente y construir un futuro mejor.

Es así que todos tomamos nuestros lápices cual varita mágica ayer y hoy la PC, con torpeza o maestría, empezamos a trazar este hermoso camino de la arquitectura y el urbanismo que nos enseña a observar a detalle y tratar de entender estas primeras interacciones con el mundo, al principio imaginario, después real e interactivo dentro del cual también debemos aprender desenvolvernos.

Por eso, el arquitecto tiene la urgencia de anticipar y así conquistar el espacio imaginario.

Desde nuestros inicios recibimos el mensaje de que los arquitectos nos formamos para solucionar problemas sociales y ambientales, para proponer espacios públicos y equipamientos y darles forma a los fenómenos únicos de cada una de las formas de vida.

Sintetizar, organizar, jerarquizar. Todo un sistema formal que nace de entender el funcionamiento de las cosas y la vida, que se expresen en ideas con dibujos a mano alzada , como aquellos apasionados que dibujan hasta en servilletas y que discuten  posturas sobre la arquitectura, la ciudad, el país.

También en el tiempo aprendimos que no se trataba de ser arquitectos a medias, que se queda en las buenas ideas, de que nada sirve el talento si no lo desarrollas.

Que de nada sirven esas ideas maravillosas, si no las plasmamos en la realidad.

Sea que lleguen a ser proyectos, construcciones o escritos, la idea es manifestarlas y exteriorizarlas a través de los distintos canales con el mundo.

De que, para ser un buen arquitecto, no alcanza con el gran talento, sin gran voluntad, esfuerzo y mucho trabajo y responsabilidad social y ambiental, pues todo el accionar del profesional está en relación al entorno.

La arquitectura es una práctica cultural y multidisciplinaria porque es sobre el ambiente construido, pensando en la ciudad desde la universidad.

Arquitectos de Corrientes

En la Provincia de Corrientes, en cada pueblo y ciudad, los arquitectos hicimos y hacemos arquitectura y hacemos ciudad, pensamos en arquitectura y pensamos en ciudad, todos los días de nuestra formación y práctica profesional e institucional.

Aquellos que crearon e integraron la SAC como los que la dirigen hoy, hacen gestión institucional y gremial desde hace 50 años.

Para nosotros los arquitectos hacer arquitectura, conformar y gestionar nuestras instituciones no es un oficio, es nuestra vocación y responsabilidad social profesional, es la forma de vida que nos conecta con las comunidades y ciudades donde nos imbricamos.

Ciudades que son un acto de creación y arquitectura colectiva que se hace en el tiempo con la participación de los que se fueron, de los que hoy están y de las generaciones que vendrán.

Como habitantes y visitantes de la ciudad, es la arquitectura que nos conecta junto con la escultura, la pintura y la música con nuestra historia, identidad e imagen actual.

Los arquitectos, en cada lugar que habitamos y ejercemos nuestra profesión, algunos dibujamos con la mano, otros lo hacen con las nuevas tecnologías, los esbozos de edificios, viviendas y proyectos para la ciudad.

Nos apasionan las medidas, los números y sus relaciones misteriosas, las proporciones que forman las tramas invisibles que arman nuestras composiciones y las organizaciones espaciales de nuestros edificios.

Nunca sabremos si toda esa experiencia y conocimiento alcanza para hacer mejores edificios, pero sí sentimos que los tratamos de hacer mejor.

Los arquitectos en nuestro ejercicio profesional, nunca elegimos nuestras obras, es la sociedad, son los clientes quienes nos las encomiendan, directamente o a través de la fortuna de ganar un concurso.

Desarrollamos nuestros proyectos y obras, junto con ellos, sea una institución, una empresa o una familia.

Es una tarea que no siempre es fácil y puede durar en el mejor de los casos, el tiempo de proyecto hasta la culminación de la obra.

Por eso solemos decir que el cliente es también autor del proyecto.

Porque pensamos en el futuro, pensamos que todo tiempo pasado nunca fue mejor, en ninguna época.

Creemos en el presente, que es cada vez más complejo y más intenso para todos nosotros como comunidad.

Entendemos que afrontar y resolver la gran magnitud, complejidad y diversidad de los problemas y desafíos del tiempo presente y el futuro como sociedad, sólo podremos hacerlo si logramos reunir e integrar nuestras capacidades institucionales, profesionales, civiles y empresarias en una tarea en común: hacer de nuestras ciudades y ambiente construido un mejor lugar para vivir.

Nos apasionan las medidas, los números y sus relaciones misteriosas, las proporciones que forman las tramas invisibles que arman nuestras composiciones y las organizaciones espaciales de nuestros edificios.

La gestión profesional del hábitat

La arquitectura de un edificio, una casa, un barrio y una ciudad, no se hacen solas, se hacen con asistencia o sin asistencia profesional.

Lamentablemente la mayoría de este ambiente construido se hace sin ella.

La escasa calidad del paisaje urbano, en cada barrio, calle o espacio de nuestra ciudad es el reflejo de esa ausencia y de las fallas del modo de gestión convencional de nuestro hábitat, así como su buena imagen y calidad lo acreditan.

Cuando en esa creación y construcción interviene un arquitecto, siempre se realiza en equipo.

Un equipo que se va formando en el tiempo y se constituye en interdisciplinario.

Es el tamaño y complejidad del proyecto de arquitectura y urbanismo el que permite participar a otras profesiones y especialidades técnicas, y gracias a un núcleo de colaboradores que se hacen paralelamente.

Los arquitectos y colaboradores tenemos que estar al día aprendiendo nuevos sistemas tecnológicos y procedimientos que nos obligan a nuevos entrenamientos y requieren de cambios constantes en el pensar, sentir y hacer de los profesionales.

Para tener idoneidad, inserción social y ser competentes como tales, debemos estar actualizados, aprendiendo a vivir en ciudad, aprovechando las oportunidades.

Tenemos la problemática crucial de la vivienda social que no puede ser ignorada.

Mucho menos nuestra voluntad de servir.

Reconstruir y focalizar hacia quiénes debemos atender.

Con mucha nobleza, en todo el sentido de la palabra, esto significa crear y construir con cuidado; implica esmero, esfuerzo, pasión, empatía, equilibrio y responsabilidad, postura ética de la arquitectura, diseñada y construida desde la individualidad y desde lo colectivo.

La gestión institucional

Estamos viviendo un momento de crisis o desencanto de las instituciones fundamentales de nuestra sociedad: el Gobierno, la Administración Pública y las organizaciones empresarias, gremiales, civiles y profesionales.

Se ha instalado, desde hace algunos años, una crisis de confianza y de legitimidad que afecta transversalmente a las instituciones que gravitan en la gestión del desarrollo de las ciudades, comunidades y territorios.

Esta desconfianza tiene su origen en las fallas de ese modo de gestión.

En este clima de crisis, surge la necesidad de recomponer el tejido social y las redes de confianza entre las personas y entre las personas y las instituciones.

Desconfianza que habitualmente tiene que ver con la alta concentración del poder por parte del estado, gremios y del mundo privado, el que genera desigualdad social y da paso a la indignación ciudadana.

Frente a ellas, el individuo se minimiza y pierde toda capacidad de influir en las decisiones.

En ese contexto es que la organización y desempeño institucional de los arquitectos y de las profesiones del ambiente construido asume un rol de primera importancia.

Las organizaciones de profesionales deben promover la gestión innovadora de nuestras ciudades y ambiente construido a través de una nueva y mejor relación entre los individuos, en este caso, los arquitectos con las grandes instituciones.

Por eso hoy más que nunca debemos fortalecer los lazos de nuestras organizaciones intermedias.

Es desde las organizaciones profesionales, civiles, vecinales, comunales, que se pueden reconstruir las confianzas y dar legitimidad a nuestras instituciones.

Nuestro gremio, que celebra 50 años,  en realidad tiene más de 100 años como actividad profesional , no sólo constituye una garantía  de articulación entre individuos y las grandes instituciones, sino también es un aporte a la descentralización de la gestión institucional al extender su acción a sedes regionales repartidas de Norte a Sur del territorio provincial.

Sin duda alguna, frente a este escenario de insatisfacción y  de escepticismo, tenemos dos opciones: caer en la desesperanza  y por lo tanto ceder nuestras decisiones o hacer lo que está haciendo la SAC: Creer, Crear e Integrar.

Pensamos que lo que está empeñado la Comisión Directiva de esta Institución va en el sentido correcto: fortalecimiento institucional y  búsqueda incansable por un equilibrio de participaciones y decisiones en todos los ámbitos que competen a las ciudades, la arquitectura y el ambiente construido.

Integrar nuestras capacidades y recursos institucionales e individuales a un proceso de mejora de la calidad de vida y nuestro hábitat es nuestro desafío y responsabilidad.

En este proceso interesa todo, todas las caras, las capas, los engranajes, así, podemos volver a empezar las veces que realmente queramos.

Siempre hay un nuevo despertar de conciencia y, más aún, con el paso del tiempo como aprendices y profesionales de la arquitectura, ya que nos inspiramos una y otra vez incansablemente a pesar que nos abrumemos entre tanto por hacer.

Si bien para los arquitectos todo empieza con una línea, transformamos realidades, atravesamos límites que se creían imposibles y creamos nuevos mundos, también proponemos y hacemos él camino para mejorar el presente y construir un futuro mejor.

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